La fulguración del grafito: una poética sin límites
En su casa taller ubicada sobre un magnífico recodo de la carretera libre a Cuernavaca, Arcadi Artís vive rodeado de paisajes. Y los grafitos que realiza fraguan una interiorización del paisaje que no se asemeja a ninguna otra captación de la naturaleza y, simultáneamente, encuentra ecos en otras obras de otros artistas pertenecientes al siglo XX. Esas rememoraciones están, a partir de tal contexto, surcadas por la consolidación del arte abstracto y neofigurativo, implícito en las vanguardias que forjaron a la modernidad.
En tal contexto, la construcción de la obra de este arquitecto empeñado con éxito en olvidarse por momentos de su profesión para dirigirse a la práctica del arte, evoca la forma de una elipsis. Desde esa elipsis Artís observa el paisaje, se repliega en las capas del conocimiento visual y reaflora sobre la tersa blancura de sus papeles, para conjuntar en ellos lo visto y lo reelaborado. Así emergen las oscilaciones de la visión y de la memoria que constituyen lo más logrado de su producción. Ante un cuadro como El recuerdo , Arcadi lo verbaliza de este modo: “O vas ocultando el pasado que se transforma en ficticio, o ese pasado es tan presente que te va ocultando el ahora”.
Y es cierto: la conformación estética conlleva una operación mental y temporal que otorga perdurabilidad al instante, a la fugaz sucesión de momentos que compone el presente volcado en la consistencia de la obra. Para Artís , ese mexicano hijo de exiliados catalanes que se obstina en la persistencia de su linaje, tal consistencia está hecha mediante impulsos gestuales y meditaciones.
¿Qué es la gestualidad artística sino un arrebato para suprimir el tiempo y concentrarlo en ese otro tiempo-espacio de la obra, en ese presente continuo? Desde su conciencia pictórica, que en el acto creador es la conciencia total, Arcadi Artís lo consuma y de esa manera concreta una suerte de eternización de su trabajo.
Cabe agregar que a la utilización del grafito este autor ha sumado el uso de la pólvora quemada que otorga a la mirada un efecto bien logrado, y diversifica el esquema tonal de su producción. Con pólvora quemada precisamente, combinada con el blanco y el negro del grafito, está realizado El exilio , en el que los trazos caen diagonalmente como si se tratara del diluvio universal, sobre un conjunto de figuras involuntaria y suavemente verosímiles obtenidas mediante la quema de la pólvora, que parecen marchar hacia el abismo. A propósito ¿qué es la incertidumbre del exilio sino un cambio y un desconocimiento del futuro inmediato verdaderamente abisal?
A veces el accidente, buscado o no, puede reconvertir la significación previa de una obra. En Lucha de ideas por ejemplo, pasan cosas entre las figuras que parecen gesticular y hablar al unísono, desatando una acción desconocida tanto para el pintor como para el observador. Y en Paolo y Francesca , los personajes de Dante, nos enfrentamos a una imagen volcánica, tempestuosa como tempestuoso es todo infierno conocido o sumergido en el enigma del imaginario; allí se vislumbra un barranco que ha arrojado a los personajes hacia una profundidad de ceniza y de fuego.
Por lo general, Artís no politiza sus obras. Sin embargo, México 2008 está basada en una información: las cinco mil muertes que se produjeron en nuestro país durante aquel año a causa del crimen organizado. Otra vez reaparece una virulenta gestualidad encaramada sobre una calavera con el rostro destrozado, para simbolizar a la montaña de muertos mediante la escalofriante neutralidad de una cifra: los cinco mil cadáveres. A propósito, la pólvora integra y desintegra a aquello que toca y en muchos de estos trabajos, la neofiguración surge como un estado de visibilidad y disolución de lo representado.
Vayamos a otro sitio: ¿qué es el norte en el cuadro titulado Del Norte ? ¿cómo adivinar su secreto, aquello que la imagen descubre y oculta, el paraje que parece haberse dejado atrás, entre los pliegues de la memoria? Es una naturaleza en relativa calma no obstante la amenaza de tormenta, es una visión subyugante en la que, evanescentemente, se puede palpar el aire, se lo puede tocar. Y ¿qué es lo que persistía en el dibujo del mismo nombre? ¿la evocación de una orilla plagada de acantilados en la que el cielo y el agua componen una luminosidad sin fin? A propósito: los grafitos de Arcadi Artís subyugan, poseen esa inefable cualidad.
Si todo el conjunto de grafitos están imbuidos de una intensa poeticidad, esta condición alcanza el súmmum en Enjambre , con su dinámica riqueza formal y tonal.
Las cuatro estaciones: el Invierno es una serena naturaleza que posee en su interior, en el centro, una excepción; me refiero al único elemento geométrico hallable en todo este apartado: un cuadrado. La Primavera es una profusión de plantas en marcado claroscuro mientras la zona superior del cuadro, con su gradación tonal intermedia, está en calma. A su vez el Otoño y el Verano guardan un alto voltaje rítmico. Esta persistencia rítmica vuelve a encontrarse en Catemaco , Nocturno , Torrente , Diurna y Afilado ; en esta última, tal cual sugiere su título, la atmósfera entrega la percepción de algo acerado, un vestigio o anuncio de peligro.
Toda la producción de Arcadi Artís que se presenta en esta exposición reúne diferentes matices: trazos, manchas, áreas serenas, vértigos, fulguraciones, señales, progresiones tonales, vibraciones, la sospecha de un grito y de un silencio, de oquedades y pausas, acordes en voz baja y la certeza de conformar un cúmulo de imágenes donde lirismo, violencia y dinamismo conjugan una poética sin límites.
Lelia Driben
Otubre 2009
Los paisajes interiores de Arcadi Artís
Las obras que Arcadi Artís presenta en esta exposición conforman una suerte de sinfonía que conoce múltiples progresiones rítmicas y tonales. Cuando aquí se habla de sinfonía no sólo se está utilizando una metáfora. Artís, en efecto, compone una pieza musical en el verdadero sentido de esta palabra, aunque no use para ello ningún instrumento de ese género.
Elaboradas mediante el empleo del grafito y de pólvora quemada sobre el papel, estas imágenes entregan a la mirada del espectador diversos mundos vegetales, amparados por espacios abiertos y llevados hacia acordes de indudable riqueza formal y compositiva.
No se trata de reproducciones exactas de lo real exterior a la obra. No , Artís no trabaja en la representación ilusionista heredada del Renacimiento. Artís recurre a una interiorización del paisaje cruzada por la abstracción y la neofiguración. El resultado son obras con una gran acción gestual que recuerdan a la action painting y se encuentran, simultáneamente, en estado de tensión con zonas atravesadas por una infinita calma. Todo consiste, desde ambas pautas, en una filiación dramática cuyo enlace debe bucearse en el expresionismo abstracto.
Hijo de exiliados catalanes, este arquitecto que también se interna en los caminos del arte confluye, asimismo, con el informalismo catalán, no tanto por su reserva iconográfica, siempre leal al paisaje, sino por el origen de su gesto estético, su manera de ubicarse en la creación.
Hay, vale insistir, en la producción de Artís, reverberaciones de naturalezas que se remiten al origen del tiempo y de las especies, una antigua textura atravesada de luz y de matices, como si se tratara de un remoto tapiz que ciega y alumbra horizontes sin fin. Y en medio de ello la figura humana, apenas esbozada, con la fugacidad y brevedad de un trazo primitivo.
Lelia Driben
Octubre 2009
Pintores catalanes en México
Arquitectura y pintura son dos constantes artísticas en la vida de este creador mexicano hijo de catalanes. Ambas disciplinas las ha desarrollado con talento estético y solvencia técnica; nombrar tan sólo el Centro Cultural Universitario, la Sala de Conciertos Netzahualcóyotl (UNAM) y más recientemente su pintura y dibujo, nos muestra un propósito artístico muy definido cuyo mayor vinculo expresivo nace propiamente de su emoción.
La obra artística de Artís tiene lazos desde su creación arquitectónica y hasta su plástica con una infinidad de sensaciones. Su materia es espacio, luz y proporción consciente. Viaja en recorrido interno y externo por senderos personales y del tiempo. Muestra sus cualidades plásticas y espaciales, al evidenciar su detallada factura en sus creaciones llenas plenamente de vida.
De su salto a la pintura ha dicho que en todo "propósito de vida, hay un riesgo", y toda su obra esta inspirada en la naturaleza; sin embargo sus referencias no siempre retratan paisajes o naturalezas delimitadas. La aproximación a algunos elementos pictóricos son esbozos de la grandeza y contextura de su obra: sombras, hojas y reflejos, se convierten de manera abstracta en algo diáfano, autónomo e irreconocible. Su lenguaje aborda un discurso plástico complejo, detallado y sistémico, cuya herramienta principal nace de su impulso apasionado para crear una locución visual capaz de transitar de un lado a otro.
Guardada la distancia generacional, se diría que Peyrí y Arcadi Artís (1946) tienen en común el ser arquitectos, ser pintores informalistas y tratar los elementos naturales; sin embargo, la destreza técnica desplegada en la pintura y el dibujo de Artís tiene tal preeminencia expresiva que sobrepasa todo interés por los potenciales metafóricos de sus motivos. Su meticuloso tratamiento realista de acercamientos extremos al detalle de corrientes de agua, formaciones nubosas o vorágines de fuego, abstraen a tal grado sus conformaciones naturales que privilegian la expresión de sus propias dinámicas por encima de toda intención evocativa o narrativa. Líneas de fuerzas liberadas o enfrentadas o anudadas quedan abiertas hasta desvanecer sus referentes naturales. Sustentadas por su exquisito tratamiento técnico, las pinturas de Artís son abstracciones totales que guardan la afectividad de su origen en el paisaje natural.
Luis Carlos Emerich
Octubre 2008
Arcadi Artís expone en el Museo de Arte de Girona
Silencios en blanco y negro
Por Eudald Camps
Roberto Calasso, en uno de sus magníficos microensayos dedicado al arte en general (desde la escritura y a veces incluso desde el metalenguaje), reflexiona sobre nuestra incapacidad para soportar el Vacío (la mayúscula es suya), para tolerar silencios en ésta especie de relato permanente en el que todos vivimos inmersos. El florentino considera que la función del Vacío es idéntica a la función del oxígeno en caso de asfixia “ porque una de las enfermedades más graves que padecemos es la del Lleno , enfermedad del que vive con la mente continuamente ocupada por un remolino de palabras entrelazadas, de imágenes estúpidamente recurrentes, de certezas inútiles e infundadas, de temores formulados en sentencias antes que en emociones”. De esta enumeración de desastres, Calasso extrae una conclusión básica para señalar lo que podría ser uno de los grandes males de nuestro tiempo: la falta de atención, la incapacidad para realizar un viaje que necesariamente tiene que ir del exterior al interior.
La exposición que actualmente dedica el Museo de Arte de Girona a Arcadi Artís (artista y arquitecto mexicano hijo de exiliados catalanes) es una muestra de cómo se puede hacer este viaje sin negar un “exterior” que, en el caso que nos ocupa, identificamos con el paisaje: así, no podemos hablar de negación porque el punto de partida se encuentra integrado al resultado final pero trasmutado, convertido en otra cosa en la medida en que su realidad se ha visto sometida al filtraje de la sensibilidad artística. En este sentido Josep Manuel Rueda no duda, en uno de los textos que prologa el catálogo de la muestra, a la hora de poner a Artís al lado de autores con toda una tradición de trabajo al aire libre, relacionándose empíricamente con unos paisajes que no se han visto radicalmente traducidos, que han conservado por decirlo así su apariencia normal. Puede vincularlo a Vayreda, Berga i Boix, Pons Martí, Urgell y compañía gracias a que todos y cada uno de ellos han visto en el paisaje, en esa naturaleza de resonancias arcádicas, una excusa (en el mejor sentido del término) para hablar del lugar que ocupa el hombre en el mundo. ¿Cómo es posible si no que Miró reconociese en Urgell uno de sus principales referentes?
Gracias a Artís la ecuación es sencilla: se trata de evitar el topónimo elemental (esta pintura representa tal lugar o tal cosa) para centrarnos en lo que tienen en común, en la necesidad expresiva que hace posible el hecho de pintar (o dibujar como si pintaran). El mexicano-catalán da un primer paso esencial y esencializador cuando decide renunciar al color: como en la fotografía, es solamente la escala de grises la que permite no distraernos en el accidente, la que permite concentrarnos en la imagen para hacer visible el mítico punctum barthesiano. Cada obra de Artís es un ejercicio de síntesis plástica que nos habla, más que de la naturaleza, de sus biorritmos. Y decimos “biorritmos” de una manera muy consciente: la biología de un dibujo-pintura del mexicano-catalán es la de un ritmo silencioso que se ejecuta como una danza contemporánea bailada al compás de una música que solamente el interprete puede escuchar; la poeta Ester Xargay escribía unas palabras a propósito de la música de John Cage que vienen al caso: “ Así, la sonoridad geográfica adquiría el estatuto de epifanía, un do musical, privilegio otorgado a cualquier partícula de materia que frota o choca contra otra en el si de un patchword de ruidos ”. Bonita y curiosa metáfora: un patchword de ruidos entendidos como aquella realidad que Artís sintetiza en forma de epifanía o viento de grafito (que es el título de la muestra).
Y es que los trabajos de Artís son, en última instancia, una posible traducción gráfica de aquel silencio imposible que Cage se encargó de refutar. Escribe Calasso: “ En una habitación aislada acústicamente no escuchamos el silencio (que acaso es una categoría metafísica), sino el casi imperceptible sonido de la circulación de nuestra sangre. De lo que se trata es de invitar al auditorio a afinar el oído para escuchar esta realidad. Pero para hacerlo no es tanto el entrenar el oído como la mente, para construir dentro de uno mismo un Vacío para acoger los sonidos”. Así, podemos aplicar mutatis mutandis a los trabajos de Arcadi Artís: afinar la mente para recuperar la mirada.
Diari de Girona
Art
30 Noviembre 2007
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